La noche más triste de Messi: del saludo con su familia hasta su renuncia

La noche más triste de Messi: del saludo con su familia hasta su renuncia

No lo merece, sin dudas no lo merece. Ese maldito primer penal, ese tiro por encima del travesaño y la tristeza. Una profunda tristeza que comenzó en el vía crucis al volver hacia la mitad de la cancha, cuando Sergio Romero lo corrió y lo quiso consolar con una palmada. Siguió con Javier Mascherano, que lo alentó. Y terminó con las espinas que se le clavaron en cada remate que miró desolado, abstraído de la situación. Si hasta se tiró al piso cuando Nicolás Castillo metió el segundo y Biglia lo tuvo que ir a levantar. Justo Biglia, que luego también falló el suyo y profundizó el dolor de Lionel, que se tapó la cara con la camiseta y no quiso mirar más. ¿Para qué? Si después vino el gol de Francisco Silva y… el vacío. Ni los balones de oro, ni ser el mejor jugador del mundo, ni tener el récord de máximo goleador de la Argentina le alcanzan. Messi otra vez rozó la noche más feliz de su vida. Messi otra vez terminó vacío.

“Se terminó la selección para mí; creo que es lo mejor para todos, para mí y para mucha gente que lo desea. Es una decisión tomada. Lo intenté muchas veces (ser campeón) pero no se dio”. Las declaraciones de Messi no pararon de retumbar y se sintieron como una doble derrota antes de irse del MetLife Stadium. ¿Momento de calentura? ¿En serio Messi piensa en no jugar más con la selección? Los jugadores, los dirigentes y el cuerpo técnico tratarán de convencerlo, claro está. Pero, ¿podrán? Lo único cierto hasta la madrugada de hoy es que el segundo golpe consecutivo ante Chile lo sintió como nunca.

En el segundo tiempo, Leo volvió a caer en los errores que tuvo de joven en la selección. Como el equipo estuvo estático, intentó demasiadas acciones individuales y perdió en la mayoría. Ni siquiera lo ayudó el ingreso de su amigo el Kun Agüero. La última pelota que tocó Messi, en tiempo de descuento, sirvió como ejemplo: con cuatro jugadores alrededor, la Pulga igual intentó por su cuenta y no pudo. Ya en el suplementario, la más clara vino por un centro del 10 que Agüero cabeceó y le sacó Claudio Bravo, en una atajada perfecta que llevó el partido a los dolorosos penales.

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Se suma una piedra más a esa pesada mochila que nunca se termina de llenar. Volvieron esos malditos recuerdos de la final perdida el año pasado contra el mismo rival, y esa imagen que recorrió el mundo con Leo sentado en el campo de juego del estadio de Santiago y dos niños consolándolo. Ese llanto incontenible en la intimidad del vestuario del Maracaná, en Brasil, tras el gol de Götze que le robó la ilusión. Esos injustos silbidos en Santa Fe, en la Copa América 2011, que le hicieron doler los oídos y el corazón. Ese “chamuyo” de Alemania de 2010, con el abrazo que le dio Diego Maradona tras una goleada que desnudó las limitaciones del equipo. También están en la mochila esa final en la Copa América de Venezuela en 2007 y las del Mundial 2006 que miró enojado desde el banco de suplentes. Todas marcas de muchas heridas que nunca terminan de cicatrizar.

¿Cómo te imaginás que es ganar con la selección? Algo tan sencillo como esa pregunta despertó en Lionel la reacción de un chico el viernes pasado, en la conferencia de prensa, cuando dejó un silencio, se hamacó hacia atrás con la silla y sonrió: “No sé, ojalá se nos dé”. El coleccionista de títulos -lleva 30 en su carrera- sigue sin conocer la respuesta a una pregunta que, tras su decisión, puede que nunca más vuelva escuchar.

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