Recordar a Gustavo Cerati: hablan sus amigos y colaboradores

Emmanuel Horvilleur

El músico que abrió fronteras

El primer contacto que tuve con Soda fue porque mi papá había hecho las fotos de tapa deNada personal y fui de chico a verlos al teatro Astros. Me calcé un piloto que me había comprado mi mamá y unos borcegos, y me acuerdo que sonaba muy fuerte el show. Años después, me enteré de que le había gustado bastante mi disco Rocanrolero. Era la época de “Crimen” y sentí que yo tenía una canción que se parecía un poco a ésa, y era “19”, así que lo invité a participar. Nos hicimos amigos y pasamos unas vacaciones en su casa de Uruguay con Oscar Roho durante diez días, en los que salíamos de noche, tocábamos y charlábamos. Llegamos a esa amistad como iguales y se dio de una manera muy natural, no tuve que hacer ningún intento de nada para conquistarlo. Un poco se habla del agujero que dejaron Gustavo y Luis en la música y la cultura, pero creo que más allá del vacío que dejan sus ausencias, lo que más hicieron fue tapar agujeros y llenarlos. Gus tuvo esa cosa de abrir fronteras y de llegar a lugares adonde no se había ido antes. Muchos músicos pudimos acceder a eso gracias a su historia con Soda. Era un tipo que en el estudio era muy obsesivo, en el mejor de los sentidos. Fui testigo de una sesión con Fernando Nalé para Fuerza natural en la que estuvieron cuatro o cinco horas para meter una línea de bajo, para encontrar el sonido, las notas justas y el groove. Eso habla de un músico muy conectado con lo que hacía.

Richard Coleman

Un apasionado en la búsqueda de la excelencia

En el 82 recibí un llamado de Charly Alberti. Me dijo que tocaba en la banda más moderna, y que tenían al mejor guitarrista y los mejores temas. Eran un trío y querían agrandar el sonido de la banda. Nos caímos bien entre todos y nos la pasamos ensayando cinco meses. Sonábamos bárbaro, pero no llegaba a sumarme a la banda, sino que era un trío más uno, y decidí abrirme. A partir de ahí empezamos a verme más con Gustavo, hablábamos de proyectos, de cómo se veía cada uno en el futuro. Tiempo después me llamó porque tenía ganas de hacer unas cosas más y ahí armamos el grupo de trabajo de Fricción. Le mostré a William Burroughs y Marshall McLuhan porque quería aplicar eso a las letras y eso le generaba mucho interés.

En 2002 yo vivía en Los Angeles y él fue de gira con Siempre es hoy. Me lo crucé andando en bicicleta por mi barrio, mientras él comía una hamburguesa en la calle. Volví a Argentina en 2004, y al año siguiente me divorcié. Fui a verlo a Gustavo y me contó que él también se había separado y me invitó a participar de la preproducción de Ahí vamos. Ahí entendí de qué iba a hablar el disco: iban a ser canciones de amor desgarradoras.

El apasionamiento que Gustavo tuvo por sus proyectos y sus ideas en la búsqueda de la excelencia es algo que se debería compartir en todas las disciplinas, no sólo las artísticas. Poder hacer la tarea que te toca con apasionamiento y amor, no conformarse con el “está bien igual”.

Tweety González

Un guitarrista moderno y novedoso

Empecé a tocar con Soda en el 89, cuando se fue Dani Sais, y nunca más paramos. Quizá no me gustaban tanto los primeros discos; los empecé a respetar mucho más a partir de Ruido blanco. Era su costado más soulero, con un Cerati con unas rítmicas tremendas. El siempre fue muy fana de Nile Rodgers, y llegamos a tocar “Good Times” de Chic en varias pruebas de sonido. Ensayábamos todos los días durante tres meses para salir de gira, hasta que sonaba bien afianzado. Cada disco fue su propio universo, porque cada tour era algo nuevo, desde la música hasta el audio o el montaje del show.

La experiencia de producir Ahí vamos en 2005 fue como un reencuentro. Arranqué ese año con una separación y un infarto, y a los dos meses estábamos haciendo el disco. Fue una onda extramusical de su parte, un “vení que yo te cuido”. Y lo hacía, porque me cagaba a pedos cuando comía de más. Era un tipo híper sensible, aunque diera la imagen contraria. Muy confidente de sus problemas y abierto en la intimidad, híper leal. Tuve la suerte de vivir muy de cerca su crecimiento como artista regional, y desde Los Angeles para abajo sembró e inspiró a una cantidad enorme de músicos. Dejó una vara de estándar muy alta, no sólo de estrella de rock, sino de músico completo. Un tipo con una voz infernal y nunca desafinó. Un guitarrista novedoso, moderno, un compositor y un productor del carajo. Se sacaba 10 en todas las materias.

Andrés Calamaro

Un seductor natural de multitudes

Como la mayoría de los que aspirábamos a ser músicos, yo estaba en muchos proyectos al mismo tiempo. Una de aquellas aventuras fue The Morgan, un grupo de versiones en el que tocaba Zeta, y en su casa en San Fernando conocí a Gustavo, tocando la guitarra y cantando “Roxanne”. Gustavo era “cálidamente frío”, egoísta y cariñoso. Tenía un agudo sentido del humor, era buen amigo de sus amigos, un seductor natural de multitudes que resultaba atrayente en el escenario y en las distancias cortas.

Vicentico me hizo llegar la invitación de León para participar en un evento solidario con Chile. Le escribí a Gustavo, nos encontramos en su estudio y ensayamos “Crimen”. Nos quedamos encantados con el sonido de nuestras voces juntas y propuse agregar “Trátame suavemente” porque una canción se pasa volando. “Dormí” un poco, lo ideal hubiera sido cantar también “Crímenes perfectos” o “Costumbres argentinas” y escucharlas en su canto.

Su legado es enorme. Soda Stereo fue un grupo conquistador; empezó como banda irreverente y terminó como un monumento, algo solemne y grandioso. El no fue un simple artista pop, pretendía ser digno de Spinetta y del mejor legado de los poetas del rock. Gustavo era un vanguardista. Soda Stereo tiene un repertorio terrible, y él fue un príncipe como artista solitario.

Alejandro Ros

Torpe pero sutil y delicado

Daniel Melero nos llamó a Gabriela Malerba y a mí para hacer la tapa de Canción animal, pero al final hicimos Dynamo y Sueño Stereo. Nos juntábamos a escuchar los demos e íbamos al estudio. Se hacían bocetos, diálogos, idas y vueltas. No éramos amigos pero salíamos a bailar, al cine o a visitar algún amigo. A veces era muy torpe con su cuerpo, él mismo se decía “Torpeman”; y es raro porque también era sutil y delicado. Estéticamente, a veces no estábamos de acuerdo porque él miraba lo actual y yo hace tiempo que miro lo clásico. Una de mis tapas favoritas es la de Amor amarillo: no tiene fotos ni letras, sólo ese color y un agujero que la atraviesa. Una locura para esa época.

Andrea Álvarez

Dispuesto a ayudar y aportar

Un día volviendo de un ensayo con David Lebón, pasé por la puerta de Casa Suiza y me acordé de que ahí Charly Alberti iba a dar una clínica de batería. Decidí bajarme del colectivo, y me choqué con Gustavo. Me contó que estaba reorganizando la banda y ahí mismo me ofrecí para tocar. A los pocos días me llamaron para probar… ¡los ensayos eran demoledores! Cuando salimos de gira, Gustavo estaba de novio y estaba re metido, muy enamorado. Se la pasaba casi todo el tiempo con Paola o en conferencias de prensa, así que los que jodíamos y nos movíamos éramos la parte técnica y los músicos invitados. Estar en Soda era full time. Nunca se sabía cuándo saldría un show o si se cambiaba una fecha a último momento. No te daba margen para tener otra vida.

Ni bien me fui me pasaron cosas más intensas. Me costaba mucho pedirle algo a Gustavo, pero cuando me animaba, él siempre estaba dispuesto. Ni bien me fui hice una clínica de batería en el SADEM y dos días antes mi guitarrista me dejó plantada. Me desesperé, lo llamé y me salvó. Siempre estaba dispuesto a ayudar, a aportar. Yo le compartía mis discos y él me hacía la devolución.

Leo García

Un visionario

Nos conocimos a través de Amor entre rosas, el primer disco de Avant Press. Nos encontramos en una discoteca y empezamos saliendo a bailar. Cuando empezó a hacerBocanada me invitó a su casa, me mostró unos bocetos y me preguntó a qué otro músico podía sumar. Iba al estudio y llevaba mi sampler a poner algún sonidito o tirar alguna idea. El venía de Soda Stereo, y los grupos cuando pasan a ser tan grandes se vuelven sociedades empresariales. Supo buscar alrededor gente que lo acompañara afectivamente más que nada, y todos los que estaban ahí estaban por admiración absoluta, y la idea era seguirlo a él.

Cada vez que iba a su casa, volvía renovado de energía. Hablábamos y podíamos compartir lo que nos pasaba, teníamos charlas en que él contaba que esperaba más de su carrera, y era un alivio saber que todos éramos iguales y que tenía la suerte de conocer a la persona que más he admirado. La obra de Gustavo se presta a la evolución, y cualquier persona que entienda esa obra va a tener otro encare hacia la música. Tenemos una parte del rock nacional que vive estancada, pero entre la visión poética y astral de Spinetta y la visión de producción artística y estética de Gustavo hay una salvación para las nuevas generaciones con ese legado.

Ale Sergi

Siempre tras la novedad

Nos conocimos en un cumpleaños de Oscar Roho en el que nosotros tocábamos. Nos quedamos hablando y nos tiró la mejor. Ya que tenía tanta buena onda, lo invitamos a tocar a un concierto en el ND/Ateneo y, antes, vino a ensayar y a la prueba de sonido, y no siempre se hace eso. En ese entonces ensayábamos en mi departamento y usábamos un sistema de amplificación precario. El igual vino con su pedalera, sus cosas y se puso a cantar, una situación muy desnuda.

Lo ibas a ver en vivo y todo era perfecto, y cuando lo conocí entendí por qué: estaba atento a cualquier detalle, se metía en todo. Rockeros podemos ser todos, pero a mí nunca me gustó esa imagen del loco que se deja llevar. Era profesional, pero no desde el punto de vista careta, sino porque eso es lo que su trabajo requería. Era uno de los músicos que más música escuchaba, siempre estuvo tras la novedad. Aportó un dinamismo constante, y había que estar a su altura. Uno está acostumbrado a que los solistas utilicen a los sesionistas de siempre y Gustavo se armaba cada grupo… Lo llamó a Martín Carrizo, que venía de A.N.I.M.A.L. ¿Quién se hubiera imaginado eso?

Bambi Moreno Charpentier

El músico más completo

Siempre me llamó la atención Soda por su fusión de elementos de una música con otra, el uso de máquinas; y siempre investigábamos con quiénes trabajaban, qué usaban. Gustavo siempre fue muy capo con la tecnología y en ese momento no era tan común usar programaciones, controlar luces vía MIDI o lograr que los pedales se activen solos. Empezamos a conocer a mucha gente que trabajó con él y hoy en día varios se encuentran en nuestro equipo y son motivo de consulta. En este último tiempo, al estar en Unísono, su último estudio, aprendimos un montón de secretos interesantes de su manera de trabajar. De los grandes héroes del rock nacional, era el músico más extremadamente completo. Quienes trabajaron con él me contaron que por ahí se quedaba 16 horas por semana buscando samples, y ahí entendés todo: no tiraba tres ideas y veía.

Dejar un Comentario